¿Me dejáis ser libre?

¿Qué pensarías si cuando tu criatura se va de excursión de fin de curso te obligaran a envolverle el bocadillo en un marca de papel de aluminio determinado? ¿Y si para entrar en la piscina solo pudieras hacerlo vistiendo una marca de trajes de baño concreta? ¿O si para firmar cualquier documento tuvieras que hacerlo con una marca de bolígrafo determinada y si no no es válido?

Ese es mi día a día cuando intento intercambiar información y ficheros con diferentes agentes. A pesar de que ODF ha sido publicado como Estándar Internacional 26300:2015 por ISO/IEC, en la práctica la existencia de ese formato no materializa que los usemos de manera sistemática, ni a nivel individual-doméstico, ni laboral ni de comunicación con las administraciones públicas. Diría además que la existencia de este estándar es más que desconocida para el grueso de la población y las administraciones, utilizando, optando y obligando a utilizar formatos propietarios.

Yo utilizo el formato ODF, soportado por LibreOffice y otras suites ofimáticas. El hecho de que sea estándar implica que facilita la interoperabilidad, intercambio, apertura de conocimiento e información, la participación… si todo el mundo y todos los agentes se decantaran por el estándar.

A pesar de los esfuerzos y declaraciones de administraciones, partidos políticos y algunos gobiernos por adoptar este tipo de formatos, en la práctica real vemos que incluso es probable que volvamos atrás y adoptemos los formatos, las marcas que nos venden los monopolios, implicando además, el uso y consiguiente pago de licencias por el uso y el desembolso económico.

Si hacemos la apuesta por abrir el conocimiento para incluir a todas las personas en saber, aprender, empoderarse participar y crear contenidos, debemos prestar más que atención a las herramientas que utilizamos. Los estándar están hechos para hacer la vida más fácil, sencilla y sin complicaciones. El hecho de que no sea adoptado por el resto de usuarios (hablo de personas, organizaciones, empresas y administraciones) hace que la vida se haga más complicada.

El estándar implica que seamos libres de elegir las herramientas que utilicemos según nuestras preferencias y necesidades, y no según los flujos comerciales y empresariales. Además, en este caso, el estándar implica que pueda utilizar una suite ofimática sin que me suponga ningún tipo de coste, gratis, que no es el punto más fuerte, pero seguro que a muchas y a muchos es una motivación más que importante y desconocida.

Siendo yo la que utilizo el estándar, en mi día a día a menudo me siento como la amatxu que tendría que comprar “Papel Albal” para que su criatura pueda ir a la excursión de fin de curso o como quien se ha animado a practicar natación y si no se pone un speedo no puede salir de los vestuarios o como quien va a firmar un contrato de trabajo y si no lo hace con con una estilográfica MONTBLANC no será un contrato válido.

Utilizad la herramienta y el formato que queráis, pero por favor, permitidme ser libre de utilizar lo que quiera, me sirva y necesite

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